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Mi prejuicio con el Yoga

El yoga me parecía cosa de hippies, aunque yo no tengo nada contra ellos. Es más, yo soy medio hippie. A mí siempre me ha gustado la aventura, vivir nuevas cosas y conocer gente, pero la verdad nunca había considerado el yoga, no sé por qué. Ni siquiera cuando se empezó a poner de moda me interesé, y eso que muchas de mis amigas ya se habían metido en el cuento. Se veían bastante sexys, eso sí. Pero no sé, yo no me veía en esas: ¡bobadas que uno tiene!

Ellas me insistieron y me insistieron: “Michy, vamos, no sabes de lo que te pierdes, es increíble”. Un día les dije que bueno, que iba a intentarlo, pero que seguro no me iba a gustar. Me fui con ropa de hacer ejercicio, la más cómoda que tenía.

El instructor era un tipo mechudo, un man muy todo bien. Tenía puesta una especie de pijama blanca. Mis amigas lo saludaron como a un amigo de toda la vida. La escena me relajó, me sentí tranquila. Igual yo soy de vivir el día a día, y pues era una experiencia más, entonces, “qué más da”, pensé. Agarré una colchoneta, afuera tenis y al piso.

 

La clase duró casi una hora. Cristian, el profesor, nos dio una lección breve, muy breve, pero interesante, de historia oriental para ponernos en contexto. Empezamos con ejercicios de estiramiento al compás de la respiración, esa es la clave, “siempre muy conscientes con la respiración”, decía.

De vez en cuando abría los ojos para ver si estaba haciendo bien las posiciones, “Asanas”, según el profesor. Aprovechaba para ver cómo iban mis amigas. Quedé impresionada, la verdad, se notaba que le habían dedicado tiempo al asunto, qué flexibilidad. Yo creo que sus novios están felices.

La clase estuvo buenísima. Me salieron yucas de todas partes y descubrí músculos que no sabía que tenía. Quedé relajada, pero con mucha energía. “Donde uno haga esto todas las mañanas, elimina la pereza para siempre”, pensé.

 Al final, nos quedamos hablando un rato con Cristian, el instructor. Nos contó de su trayectoria, de todo lo que había hecho y de las ventajas de hacer yoga: mejorar la concentración, el estado de ánimo, la salud, la flexibilidad, adelgazar, etc.

 

Y así uno al principio no crea, todo eso es verdad. Desde ese día, ¡el yoga es mi deporte número uno!

 

Michelle Rivas