¡Ya abrimos! Con todas las precauciones por Covid -19

Si algún día se casa tenga en cuenta lo siguiente

A una persona le pueden ocurrir incidentes lamentables en cuestiones relacionadas con el cortejo, el fornicio o el amort, propiamente dicho. Todos hemos pasado por ahí. A continuación, le presentamos un testimonio, para que se de cuenta de que no está solo en esto. Es más, de pronto va bien. ¡Ánimo!
 “El man se iba a casar. Ya estaba convencido. No sé, llevaban como tres años de novios. Hacían una pareja del putas. Nunca peleaban. Todos les decíamos que consumaran esa vaina, que ya era hora, hermano, que eran la esperanza del amor, porque el resto siempre hemos sido un desastre. También pensando en la fiesta, que iba a ser otro nivel. Una locura, claro, los dos son de los que hacen las cosas por lo alto, más él que ella. Es de esas personas que son los mejores en todo. Sí, que no se les mueve una puta ceja. No, para qué, el man es buena gente, de todas formas.
Cuando me contaron, casi me cago de la risa. Fue el piloto. Un conocido de toda la vida. Él no tenía ni idea de que yo conocía a Rafa, pero un día me contó la historia así como así, porque le parecía chistosa simplemente. Desde que se subió al ultraliviano estaba pálido, me dijo. Sí, creo que era la primera vez. El piloto lo vio raro, pero pensó que de pronto era por el frío o, pues, por el asunto del compromiso. Espere, ya le explico.
Arrancaron. Era una vuelta por la sabana de Bogotá: Guaymaral, Neusa, Tominé, Guatavita y Sopó. Un paisaje del carajo. Lagunas, sabana, bosque, todo desde arriba. Bacano además porque ventea harto y la sensación es una chimba. Yo también lo he hecho, pero en solitario. 
La novia del man estaba encantada. Hasta la había llevado de sorpresa, con los ojos vendados, como en las películas. Al escondido, él sacó algo del bolsillo, pero se le cayó. Mi amigo el piloto dice que nunca había visto una cara de desespero tan impresionante.
El man se puso a buscar. Claro, pues, el piloto sabía qué era, pero la novia no, obviamente. Me imagino que estaba cagado de la risa. Ella no entendía nada. Él no se dio cuenta, pero la búsqueda, en pleno vuelo, empezó a marearlo. Hasta que el man no pudo aguantar más y se vomitó. No se pudo contener. Lo paradójico fue que al mismo tiempo encontró lo que estaba buscando, le había vomitado encima: era la argolla, hermano,  la argolla de matrimonio”.