¡Ya abrimos! Con todas las precauciones por Covid -19

El hombre-chimenea

 

Cuando los vieron por primera vez, creyeron que eran hombres que echaban humo. Parecía absurdo: De Xeres, el enviado de Colón para buscar oro en Cuba, dijo que estaban en la tierra de los hombres-chimenea. Luego entendieron de qué se trataba y empezó la evolución del consumo de tabaco y su distribución en Europa. En Cuba siguieron fumando puros, claro, y mucho. Pero hay un hombre revolucionario, el cubano por excelencia, el verdadero hombre-chimenea: Máximo Francisco Repilado Muñoz, es decir, Compay Segundo, el cantante del Buena Vista Social Club.

.
.

Fumó desde los 5 años, según él, y murió de 95. Su voz sonaba como un humo espeso y dulce, como el son. Trabajó en los campos de tabaco, y nunca dejó de ser un artesano: su música parece una creación manual, no solo por la impecable interpretación del cuatro cubano, sino principalmente porque cada nota parece moldeada por sus manos, como si le diera forma a la arcilla con el canto. 

.

“Compay” se refiere a compadre y “Segundo”, a su segunda voz: el tono grave y profundo la hace tener un rol que podría considerarse como acompañante. Pero eso, en lugar de bajarle de categoría, le dio la suavidad y la sencillez características de sus interpretaciones. La voz de Compay Segundo era un instrumento más. Participó en grupos de música cubana, en los más reconocidos, como el dúo Los Compadres, donde adquirió su apodo: la voz principal la hacía Compay Primo y él, Compay Segundo, pues hacía la segunda.

.
.

Su fama internacional llegó tarde: en 1997, cuando tenía 90 años. Fue con el Buena Vista Social Club, un grupo de música tradicional cubana producido por el guitarrista gringo Ry Cooder. Aún existe, el Buena Vista, y es impresionante, pero su versión original estaba compuesta por verdaderas leyendas vivientes: “Puntillita”, Rubén González, Ibrahim Ferrer, Pío Leyva, Anga Díaz, “Cachao”, Manuel Galbán y, cómo no, Compay Segundo. Hasta Wim Wenders les hizo una película. El aporte del son a la música es invaluable: va mucho más allá de ser el núcleo de la salsa, y eso ya habría sido suficiente.